viernes, 25 de febrero de 2011

Live.

Si cada vez que salieras a la calle pudieses ver el amanecer, ¿qué sentido tendría?
Si cada día almorzaras tu comida favorita, ¿qué sentido tendría?
Si apareciera el arcoiris aun sin haber llovido, ¿qué sentido tendría?
Si pudieras escuchar continuamente la canción que más te gusta, ¿qué sentido tendría?
Si te premiasen sin realizar ningún esfuerzo y nunca te castigaran, ¿qué sentido tendría?
Si tuvieras ocasión de comer chocolate a todas horas, ¿qué sentido tendría?
Si el cielo nunca dejara de estar estrellado, ¿qué sentido tendría?
Si siempre pudieses descansar y trabajar no fuese necesario, ¿qué sentido tendría?

Las cosas buenas, las cosas bellas, lo son porque no nos acostumbramos a ellas. No dejan de sorprendernos, seguimos encontrándoles algo interesante. No sería la primera vez que una persona aborrece algo que le encanta por el hecho de repetirlo demasiadas veces. Ni será la última.

Hace algún tiempo me di cuenta de que, probablemente, en el fondo, todo es absolutamente neutro: tiene igual parte positiva y negativa. Todo depende de nosotros, de nuestra perspectiva. Así que, ¿por qué no ser un poco más optimistas y ver el lado bueno de la vida y sus detalles, ya que estamos aquí?

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