La niña espera.
Está sentada en el banco, viendo la vida pasar, intentando no pensar... simplemente esperar. La gente pasa por delante; algún que otro transeúnte se fija en ella.
Sabe que él nunca llegará, pero no le importa. Siempre a la espera. Nunca se sabe.
Ella creció en ese banco. No había un día en que no se sentara, expectante.
Él nunca apareció.
La esperanza es el alimento del alma.
Y un día...
Vaya!, esta entrada me transmite simplemente por publicarla una reflexión, hacia qué ya me cuesta más.
ResponderEliminarAl leerlo lo primero que pensé es que tienes sentimientos contradictorios. Aunque vaya usted a saber, probablemente no hay doble sentido y sea simplemente eso sin más.
Me ha encantado, no me gusta, le falta nada :P.
Un Saludo.