Supongo que más de uno coincidirá conmigo en que llevo un tiempo en que hablo de mí a medias. No lo digo porque no sea cierto lo que escribo, sino porque es algo más difícil de comprender.
Lo cierto es que lleva más tiempo pensar en esas entradas que pararse a escribirlas. Quizás ese sea el motivo: he tenido mucho tiempo para pensar y poco para actuar, aunque suene paradójico.
Ahora puedo escribir como lo había hecho siempre. Más detallado, más claro... pero, a la vez, menos misterioso. Y misterioso para qué, podréis decir. Yo tampoco tengo muy clara la respuesta. Pero lo que sé es que no estoy decepcionada con el resultado, aunque dentro de un tiempo probablemente ni siquiera me entienda. Qué más da, no es la primera vez ni será la última que me ocurre.
Para mí, el curso ya ha terminado. Un poco pronto, sí. Pero ya poco puedo influir en las decisiones ajenas hasta septiembre. Tengo esperanza; los acontecimientos auguran buenas noticias. Creo.
Puede que en verano viaje a algún país de habla inglesa. Me gustaría, la verdad. En la experiencia pasada la ida fue mil veces mejor que la venida, y esta vez no hay venida, así que es un punto más a mi favor. Por otro lado, también es cierto que en mi caso hubo un cambio bastante importante, y en otras circunstancias posiblemente habría sido mucho mejor. De todas formas, lo que cuenta es lo actual. Y espero tener suerte en este aspecto porque, aunque algunos dicen que no, la necesitaré.
Sin embargo, veo pocas expectativas para el resto de la estación cálida. Lo mismo de siempre, prácticamente. Tendré que intentar buscar algo nuevo. Y lo más seguro es que haya, pero lo habré visto tantas veces que nunca me habré fijado en ello. Así que me toca prestar más atención.
He visto multitud de listas que la gente prepara con lo que va a hacer en un período determinado de tiempo, y casi nadie cumple al final. Quizá los imite; se ve una buena opción para no olvidar lo que de repente pueda surgir de un brote de inspiración repentino. Tampoco espero realizar todo lo que me proponga; simplemente es una forma de no acabar aburriéndome después de varias semanas con la misma rutina veraniega.
Lo que cada día tengo más claro es que nada es corto, largo, bueno o malo. Todo depende de cómo queramos mirarlo e interpretarlo. Del matiz, como dirían los de Mägo de Oz. Hace algún tiempo sentía que los fines de semana acababan demasiado pronto. Pero, desde que me di cuenta de esto, sé que duran lo que tienen que durar. Y si fueran más breves o más extensos sucedería exactamente lo mismo. Igual ocurre a la hora de elegir. Nosotros escogeremos lo que nos parezca mejor, mientras que otro ante la misma situación optaría por lo contrario, o tendría en mente opciones que ni se nos habrían ocurrido. Y lo primordial es que sintamos que esa elección está bien y nos aporta algo positivo, independientemente de qué habría sucedido al elegir algo distinto, sobre todo en los casos en los que no se puede dar marcha atrás. Puede que sea un poco extraño, pero lo veo así.
¿Y tú?
No hay comentarios:
Publicar un comentario