Hoy voy a hablar -o a escribir, si nos ponemos tiquismiquis- de algo que seguramente más de uno ya conocerá. Se trata de un idioma artificial que se creó en 1887 con el objetivo de enseñarlo en todo el mundo y convertirlo en lengua internacional, para que no existan ventajas a la hora de comunicarse con el resto de habitantes del planeta. Sí, me estoy refiriendo al esperanto.
Claramente aún no se ha conseguido popularizar mundialmente, porque en ese caso ya sabríamos hablarlo y escribirlo en mayor o menor medida. Pero lo cierto es que sí que ha tenido mayor influencia que cualquier otro idioma planificado.
Me parece un poco triste que no seamos capaces de ponernos de acuerdo para aprender todos el mismo idioma, de manera que se nos trate a todos por igual, en vez de tener más oportunidades de comprender a personas extranjeras si naces en un país de habla inglesa. No puedo decir que el inglés no me guste, al contrario, y quizá si el esperanto ya estuviera en acción no lo habría sabido nunca. Sin embargo, pienso que este idioma artificial sería mucho más útil, sin diferencias, sin discriminaciones. Y aún sería más sencillo si nos olvidásemos de nuestras propias lenguas y lo tradujéramos todo al nuevo idioma mundial, aunque entiendo que cada lengua encierra su propia historia y es fruto de siglos de cultura y evolución. Así que no pediré eso.
Si profundizas un poco en el tema, te das cuenta en seguida de que el esperanto es relativamente sencillo, especialmente si tu lengua oficial es romance, y aún más si has estudiado algún idioma con declinaciones. Una de sus mayores ventajas es que sus reglas no tienen ninguna excepción, por lo que basta con aprenderlas y aplicarlas. Además, hay una cantidad interesante de palabras extraídas del español, y también del francés, del italiano y del latín, que son más o menos similares. Si quieres comenzar a aprenderlo, no tienes más que buscar por Internet, e instantáneamente aparecerá algún manual gratuito en la pantalla.
Para terminar, una curiosidad: el nombre del idioma proviene del pseudónimo que su creador, el oftalmólogo polaco de origen judío Lázaro Zamenhof, utilizó para publicar el primer libro en el que señaló las características de esta lengua. El apodo era Doktoro Esperanto, es decir, Doctor Esperanzado. Se ve que la esperanza -y el esfuerzo, por supuesto- acabó dando sus frutos. Veamos cómo continúa esta historia...
sábado, 25 de junio de 2011
sábado, 18 de junio de 2011
Bautismo
"El único sacramento que cualquiera puede impartir es el bautismo, en el caso de que sea por urgencia; es decir, cuando la persona se encuentra en estado moribundo".
Me he quedado de piedra al oír esta afirmación.
¿Qué clase de Dios todobenevolente es ese que no permite entrar a un pequeño bebé (y no necesariamente tiene por qué serlo) al Cielo por el simple hecho de que otra persona no haya dedicado una parte de su tiempo a echarle un poco de agua en la cabeza? ¿En qué cabeza cabe?
¿Por qué para tener unas creencias hay que realizar determinadas acciones que no son coherentes con ellas?
Yendo más allá, si consideramos de antemano que el bautismo por urgencia es una falacia, se plantea la cuestión de en qué momento de la evolución comenzaron a poder ir los homínidos a ese Cielo tan deseado, y a partir de qué punto del proceso embriológico o incluso tras el parto. Pero eso es cuestión aparte.
Creo que sería mucho más productivo dejarse de reglitas absurdas que otorgan premios eternos no asegurados y empezar por lo que tenemos. Porque todavía nos falta mucho para que el mundo saque todo el potencial del que verdaderamente dispone. Y nosotros somos el motor. Nosotros tenemos la capacidad de dejar todo como está o cambiarlo. No importa qué hay más allá, porque ya sabemos lo que hay aquí, y eso es lo que nos concierne ahora.
Me he quedado de piedra al oír esta afirmación.
¿Qué clase de Dios todobenevolente es ese que no permite entrar a un pequeño bebé (y no necesariamente tiene por qué serlo) al Cielo por el simple hecho de que otra persona no haya dedicado una parte de su tiempo a echarle un poco de agua en la cabeza? ¿En qué cabeza cabe?
¿Por qué para tener unas creencias hay que realizar determinadas acciones que no son coherentes con ellas?
Yendo más allá, si consideramos de antemano que el bautismo por urgencia es una falacia, se plantea la cuestión de en qué momento de la evolución comenzaron a poder ir los homínidos a ese Cielo tan deseado, y a partir de qué punto del proceso embriológico o incluso tras el parto. Pero eso es cuestión aparte.
Creo que sería mucho más productivo dejarse de reglitas absurdas que otorgan premios eternos no asegurados y empezar por lo que tenemos. Porque todavía nos falta mucho para que el mundo saque todo el potencial del que verdaderamente dispone. Y nosotros somos el motor. Nosotros tenemos la capacidad de dejar todo como está o cambiarlo. No importa qué hay más allá, porque ya sabemos lo que hay aquí, y eso es lo que nos concierne ahora.
domingo, 12 de junio de 2011
Una historia real
Hace no mucho, estuve viendo una película que me impactó incluso antes de comenzar a verla. A raíz de una actividad a la que tenía que responder, me hablaron de ella y me la recomendaron. Además, me habían dicho que estaba basada en una historia real, así que empecé buscando información.
Se trataba de El milagro de Anne Sullivan. Una niña, Helen Keller, enfermó cuando era muy pequeña y, a causa de esto, se quedó ciega y sorda. Desde entonces, no paraba de berrear y chillar, y su familia no sabía cómo controlarla. Años más tarde, llegó su salvación: Anne Sullivan, una mujer que sí supo cómo tratar con ella para calmarla y conseguir que conociera su entorno. Después de mucho tiempo y esfuerzo, logró enseñarle el lenguaje de sordomudos, a hablar, a leer y a escribir.
La verdad es que no llegué a ver la película completa porque no tenía mucho tiempo en ese momento y hay algunas escenas que me ponían algo nerviosa, pero realmente, y a pesar de su antigüedad, me pareció muy buena y me hizo ver una vez más que podemos conseguir cualquier cosa que deseemos si realmente ponemos empeño y tenemos fuerza de voluntad. El problema es que parece como si cada vez hubiera menos de esto… Como si cada vez diéramos antes todo por perdido; como si cada vez tirásemos antes la toalla.
Con personas como ella, hasta el mundo más oscuro puede verse de color.
¿Y si lo intentamos?
Se trataba de El milagro de Anne Sullivan. Una niña, Helen Keller, enfermó cuando era muy pequeña y, a causa de esto, se quedó ciega y sorda. Desde entonces, no paraba de berrear y chillar, y su familia no sabía cómo controlarla. Años más tarde, llegó su salvación: Anne Sullivan, una mujer que sí supo cómo tratar con ella para calmarla y conseguir que conociera su entorno. Después de mucho tiempo y esfuerzo, logró enseñarle el lenguaje de sordomudos, a hablar, a leer y a escribir.
La verdad es que no llegué a ver la película completa porque no tenía mucho tiempo en ese momento y hay algunas escenas que me ponían algo nerviosa, pero realmente, y a pesar de su antigüedad, me pareció muy buena y me hizo ver una vez más que podemos conseguir cualquier cosa que deseemos si realmente ponemos empeño y tenemos fuerza de voluntad. El problema es que parece como si cada vez hubiera menos de esto… Como si cada vez diéramos antes todo por perdido; como si cada vez tirásemos antes la toalla.
Con personas como ella, hasta el mundo más oscuro puede verse de color.
¿Y si lo intentamos?
miércoles, 8 de junio de 2011
Lo que nos sigue
Una de las peores cosas que pueden sucederle a alguien es que un grupo forme una religión con sus ideas. ¿Por qué digo esto? Muy sencillo: es fácil comprobar cómo a lo largo del tiempo se han ido transformando las distintas religiones que existen.
Pensemos en el cristianismo, que es el ejemplo que tenemos más cerca. ¿Qué tiene que ver la Iglesia actual con las humildes creencias y peticiones que Jesús predicaba hace un par de milenios? Simplemente yéndonos a los autores de la Biblia, seguro que existen multitud de diferencias respecto a lo que él buscaba realmente.
Es una pena que a nuestra especie le guste tanto modificar la realidad a su gusto, aunque eso implique consecuencias negativas.
Quizá las religiones no deberían existir. Quizá lo mejor sería tomar lo bueno de cada persona, de cada lugar, de cada cultura, y conseguir algo mejor como resultado de la mezcla. Y quizá de esto es de lo que no nos damos cuenta.
Pensemos en el cristianismo, que es el ejemplo que tenemos más cerca. ¿Qué tiene que ver la Iglesia actual con las humildes creencias y peticiones que Jesús predicaba hace un par de milenios? Simplemente yéndonos a los autores de la Biblia, seguro que existen multitud de diferencias respecto a lo que él buscaba realmente.
Es una pena que a nuestra especie le guste tanto modificar la realidad a su gusto, aunque eso implique consecuencias negativas.
Quizá las religiones no deberían existir. Quizá lo mejor sería tomar lo bueno de cada persona, de cada lugar, de cada cultura, y conseguir algo mejor como resultado de la mezcla. Y quizá de esto es de lo que no nos damos cuenta.
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