Cada año, la Navidad se me hace más comercial. En ocasiones, la gente que quieres te regala algo carísimo que incluso quizá ni siquiera te gusta, y ¿qué haces? Seguramente, agradecérselo como un bobo, porque no quieres herir sus sentimientos, mas por dentro te encuentras lleno de impotencia al saber que esa persona se ha gastado un pastizal en el objeto en cuestión.
Yo me enteré del secreto de estas fechas más tarde que la mayoría de los niños. Y me arrepiento bastante de no haberlo sabido antes, porque cuando tenía la ilusión pedía muchísimos regalos, pensando que a esos personajes mágicos a los que no podía ver no les costaba nada. Nada más lejos de la realidad, para mi desgracia. La mayoría de esos juguetes casi ni los toqué. Tampoco tenía con quién hacerlo.
Y la sociedad no nos ayuda, al contrario: a los medios de comunicación y las tiendas les interesa que consumamos más y más para enriquecerse a nuestra costa.
Quizá deberíamos pensar un poco más en nosotros mismos y en lo que estamos construyendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario