miércoles, 20 de abril de 2011

Empirismo absoluto

Me gusta la filosofía de Hume.

En la época de Hume estaba muy extendida la creencia de que había ángeles. Al decir «ángel», nos referimos a una figura de hombre con alas. [...] Según Hume, «ángel» es un concepto compuesto. Consta de dos experiencias diferentes que no están unidas en la realidad, pero que, de todos modos, en la imaginación del hombre han sido conectadas. Se trata pues de una idea falsa que inmediatamente debe ser rechazada. [...] Hume quiere volver a la percepción infantil del mundo, antes de que todos los pensamientos y reflexiones hayan ocupado sitio en la conciencia. [...]
Cuando Hume recibió en su lecho de muerte la visita de un amigo, el amigo le preguntó si no creía en una vida después de la muerte. Se dice que Hume contestó: «También es posible que un trozo de carbón puesto al fuego no arda». [...] Solo aceptó como verdadero aquello sobre lo que tenía sensaciones seguras. Y mantuvo abiertas todas las demás posibilidades. [...]
Y seguimos en el núcleo de la «filosofía de la percepción» de Hume. Él habría añadido que el niño no es aún esclavo de las expectativas. El niño es el que tiene menos prejuicios de los dos. También puede ser que el niño sea mejor filósofo. Porque el niño no tiene opiniones preestablecidas. [...] El niño percibe el mundo tal como es, sin añadir a las cosas más de lo que simplemente percibe. [...] Cuando Hume discute el poder del hábito, se concentra en la ley causa-efecto. Esa ley dice que todo lo que ocurre tiene que tener una causa. [...] Hume subraya que la expectación de que lo uno siga a lo otro no está en los mismo objetos, sino en nuestra conciencia. Y la expectación tiene que ver con el hábito.

Es sorprendente la facilidad con que creamos prejuicios de las personas sin siquiera conocerlas... Quizá tendríamos que aprender un poco de Hume. Quizá deberíamos volver a ser niños, aunque solo sea por un instante.

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